La paradoja de la inclusión sin especialistas: el derecho a compartir la escuela y la vida sociocultural con plenos apoyos
CARTA ABIERTA
De: Comunidad Profesional de la Fonoaudiología
A: Las Autoridades Educativas, la Comunidad Docente, las Familias y la Opinión Pública
Nos dirigimos a las autoridades de la cartera educativa y a la comunidad en general con profunda preocupación ante una realidad insostenible: la paulatina e incesante pérdida de cargos fonoaudiológicos en el sistema educativo bajo el pretexto de reestructuraciones institucionales.
En los últimos años hemos asistido a una silenciosa invisibilización y retiro de nuestra función en las escuelas. Se argumenta la necesidad de priorizar otros perfiles, pero se ignora deliberadamente que la verdadera inclusión no se logra reemplazando saberes específicos, sino articulándolos.
Nuestras escuelas albergan diariamente a niños, niñas y adolescentes con necesidades complejas. Hablamos de estudiantes con trayectorias que requieren apoyos específicos en la comunicación, el lenguaje y el acceso al aprendizaje. Pero la vulneración de derechos se vuelve especialmente visible y dolorosa en los espacios de socialización y encuentro cotidiano, como el momento del almuerzo u otras actividades comunitarias y culturales compartidas: hoy, por falta de los apoyos y profesionales necesarios, a muchos niños con necesidades especiales ya no se les permite participar plenamente de estas instancias de intercambio social, relegándolos a un margen que contradice cualquier principio de integración real.
En este sentido, y teniendo en cuenta la Resolución 1664/17 de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, desde una perspectiva de educación inclusiva, los apoyos específicos constituyen condiciones necesarias para garantizar el derecho a aprender y participar en igualdad de oportunidades. La inclusión no se reduce a compartir un mismo espacio físico: implica garantizar la presencia, la participación activa, el aprendizaje y el sentido de pertenencia de cada estudiante. Por ello, cuando la ausencia de los apoyos y profesionales necesarios limita o restringe la participación en los distintos espacios de la vida institucional, estamos ante una barrera que obstaculiza la inclusión y el pleno ejercicio de los derechos.
Esta problemática también golpea de lleno a la Educación Superior, donde el rol del fonoaudiólogo es fundamental para la formación integral de los futuros docentes como profesionales de la voz —su principal herramienta de trabajo— y para dotarlos de conocimientos y herramientas prácticas indispensables destinadas a enseñar y vincularse con la diversidad del alumnado. A pesar de este valor estratégico para la construcción de una docencia inclusiva desde su misma génesis, estos espacios también sufren el vaciamiento y el corrimiento sistemático de nuestra disciplina.
Frente a esta maniobra de vaciamiento de cargos, nos preguntamos con absoluta alarma: ¿quién acompañará la comunicación y la participación plena de estos estudiantes en el aula y en la vida escolar? Pretender que las comunidades educativas asuman complejidades que requieren de nuestra incumbencia específica sin el recurso humano adecuado no solo desprotege a los docentes, sino que aísla y vulnera a los estudiantes.
Esta situación se vuelve aún más gravosa ante el silencio institucional. Si bien fuimos recibidos por las autoridades en el mes de marzo, oportunidad en la que asumieron el compromiso formal de volver a convocarnos para dar respuesta a nuestras solicitudes, nunca más nos contactaron ni respondieron a las sucesivas notas y pedidos de audiencia enviados.
El cambio en educación no puede ser un eufemismo para justificar el recorte en el acompañamiento escolar y la discapacidad. Suprimir la mirada fonoaudiológica no moderniza el sistema; lo empobrece, precariza la labor de los profesionales y vulnera el derecho de los estudiantes a habitar la escuela en igualdad de condiciones.
Exigimos de manera urgente:
- El cese inmediato de la reconversión y pérdida de cargos fonoaudiológicos en todo el sistema educativo.
- La reapertura formal de las vías de diálogo y el cumplimiento de la palabra empeñada mediante la concesión de la audiencia reiteradamente solicitada a las autoridades de la cartera educativa.
- La jerarquización del rol del fonoaudiólogo orientador como profesional indispensable para garantizar una verdadera inclusión, asegurando que cada estudiante pueda aprender, comunicarse y compartir la vida escolar junto a sus pares sin ningún tipo de exclusión encubierta.
Sin profesionales especializados en las escuelas, la inclusión es solo un discurso vacío.
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