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Un paseo con la audición a lo largo de la vida


El 28 de marzo se conmemora el día nacional de la audición, recordando la primera cirugía auditiva realizada en América Latina en 1933 por el profesor Juan Manuel Tato. Esta fecha nos llama a reflexionar acerca de la importancia de la salud auditiva, la cual implica examinar no solo la capacidad de oír, sino también de acceder al desarrollo del lenguaje que, como consecuencia y en complemento a la experiencia de intercambio con la familia y el entorno, promueve el desarrollo lingüístico, intelectual y social de cada persona.

A lo largo de estos párrafos los invito a recorrer los diferentes momentos de la vida donde nos detenemos a evaluar y conocer el estado de nuestra salud auditiva.

Comenzamos desde que un niño llega al mundo: condición que se ve garantizada por nuestro sistema de salud a partir de la creación de la Ley Nacional N°25.415, procurando la evaluación y articulando los pasos necesarios para contribuir en la detección, intervención y tratamiento en caso de detectar la presencia de hipoacusia.

Llegada la primera infancia, en la actualidad es creciente el número de consultas y la solicitud de evaluaciones realizadas al comenzar la primera etapa de la educación formal, para luego continuar con los controles al ingresar al nivel primario y posteriormente, aunque en menor frecuencia, a nivel secundario.

A partir de esta etapa ocurre un fenómeno paradójico, ya que es en la adolescencia la etapa en la que aparece progresivamente el aumento de situaciones que llevan a un joven a exponerse a situaciones con ruidos fuertes, y es generalmente la etapa en la que menos controles auditivos se realizan. Algunos ejemplos son los ruidos de maquinarias en escuelas técnicas, la utilización de juegos virtuales y recursos tecnológicos que fomentan la utilización de auriculares en tiempos prolongados, la música recreativa a altas intensidades (boliches) y los deportes o actividades que en espacios cerrados alcanzan niveles de ruido superiores a 80dB.

Por este motivo, no sólo es importante la evaluación auditiva, sino el trabajo en la educación de la salud auditiva principalmente orientado a dar a conocer e identificar los primeros indicadores de fatiga auditiva que pueden aparecer, así como asesorar acerca de las conductas a tomar frente a los diferentes contextos de ruido e instruir sobre los recursos preventivos que existen para evitar la instalación de hipoacusia que, probablemente de manera silenciosa se puede instalar inicialmente sin evidenciar síntomas en una primera etapa, pero que posteriormente, ante la realización de los primeros exámenes preocupacionales, aparecen y aparentan “no registran antecedentes”.

Mientras la vida adulta transcurre, llega la etapa donde se realizan estudios auditivos principalmente con fines laborales; estos resultan de máxima utilidad para brindar un asesoramiento eficiente al paciente y contribuir con su conocimiento acerca de las consecuencias que traen la exposición a ruidos de origen laboral, sumado al paso del tiempo y al deterioro biológico que naturalmente ocurre en nuestro cuerpo.

Finalmente, asomados a la tercera edad, aún con cierta resistencia, los pacientes asisten al control auditivo tras notar ellos, o su entorno cercano, dificultades en la comprensión de la palabra principalmente cuando el ruido de fondo es elevado o cuando participan múltiples hablantes en una conversación. Aquí las reuniones sociales y familiares comienzan a ser situaciones que se pretenden evitar, dada la incomodidad del paciente para participar en las conversaciones, las bromas que se naturalizan hacia la persona con hipoacusia y el estrés que padece el paciente al saberse en desigualdad de condiciones frente al entorno. En complemento, no se puede dejar de lado la numerosa cantidad de estudios que avalan la estrecha relación que existe entre el deterioro cognitivo y la hipoacusia. Estas situaciones ponen en alerta al adulto mayor y su entorno, por lo que la consulta audiológica nuevamente se hace presente y permite a la fonoaudióloga intervenir con premura y proveer de audífonos al paciente para restituir su conexión con el entorno, sus afectos y su estado de ánimo para salir al encuentro con el mundo.

Para concluir, tras haber realizado un paseo con la audición a lo largo de la vida, considero importante detenernos en esta fecha tan especial para pensar y revalorizar a los profesionales que con pasión investigan, promueven y trabajan activamente en pos de la salud auditiva y la comunicación, y convoco a los colegas a continuar trabajando para que el desarrollo profesional estreche sus manos con la salud auditiva y permita seguir acompañando al paciente a lo largo de la vida.

Laura D. Azzaretti

Lic. en fonoaudiología

Esp. en Audiología

MP 3998

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